La lechería, ¿línea de fractura entre el campo y el gobierno?

Si algún sector expresa mejor las inconsistencias de la política económica del gobierno en lo que al agro respecta, sin dudas es la lechería. Se puede dar vuelta la cabeza y echarle la culpa al clima o al mercado internacional, pero más allá de esa coyuntura ha existido en estos dos años y medio una visión oficial que no acertó con los resultados que los tamberos esperaban y ahora nos encontramos a las puertas de un conflicto.

El comunicado de Carbap del lunes 11 de junio deja de manifiesto el malestar existente entre los productores tamberos y una paciencia que parece empezar a agotarse. Por supuesto que la dirigencia ruralista evalúa las consecuencias políticas de ir al choque con el gobierno nacional. El agro ha sido y sigue siendo un gran aliado del proyecto de Cambiemos y una Plaza de Mayo o un Congreso donde se reparta leche gratuita, así como los productores en las rutas, tendría una connotación política muy fuerte, tan fuerte que el ruralismo está haciendo lo posible por evitarla.

Sin embargo, sus mismos dirigentes reconocen que se trata de un diálogo de sordos. Admiten sí la existencia de un “ministerio de puertas abiertas” como el ex ministro Buryaile y sus secretarios proclamaron desde el día uno. Pero evidentemente eso no alcanza y las críticas son cada vez más virulentas. No basta con que el director nacional de Lechería se muestre apesadumbrado por la situación de los tamberos, como si esta le fuera ajena. “¿Por qué no hacen algo si admiten que la cosa no anda bien? ¿Por qué no hablan arriba para ver cómo se sale de esto?”, me decía este martes Andrea Passerini, referente tambera de Carbap.

Veamos un par de datos antes de seguir avanzando. La producción de leche cayó 15% en 2016 y se mantuvo igual en 2017. Respecto de 2015 se dejaron de producir unos 3.800 millones de litros en estos dos años. Es mucho. Para colmo la sequía veraniega afectó las reservas y el lluvioso otoño complicó la siembra de verdeos y pasturas.

Por otro lado las exportaciones continuaron desplomándose. De unas 330.000 toneladas exportadas en 2015 caímos a 225.000 en 2017. Es casi un tercio de un punto de partida ya de por sí bajo, dado que unos años antes se había llegado a exportar 450.000 toneladas. Veremos si la suba del petróleo mejora la demanda internacional. Mientras tanto…

“Compramos en una economía dolarizada y vendemos en una pesificada”, es la queja de los tamberos en la voz de Passerini. La suba del dólar les pega directamente en el precio del maíz, cuya cotización varía día a día, mientras que la leche se entrega y se cobra mes vencido a un valor incierto, que solo la industria sabe cuál es. Además la suba del dólar pega sobre el consumo interno, que sigue debilitándose, lo cual resulta sumamente grave en tanto es el gran destino de la producción.

Un dato adicional: mientras que en el tramo noviembre de 2015 a abril de 2017 la leche que entrega el tambero aumentó 138%, el maíz lo hizo 216%. Y falta computar la fuerte suba de mayo y lo que va de junio.

Pero la bronca también va dirigida a la visión política de las autoridades de Agroindustria. Es una bronca en voz baja, solapada, dicha a entredientes, para no exponer la contradicción que implica el apoyo a un gobierno de corte liberal con la necesidad de tutelaje estatal que reclame el ruralismo en materia de lechería.

Se le reclama al gobierno que no deje librada a la lechería a las fuerzas del mercado. Argumentan que en los principales países lecheros, la actividad se encuentra fuertemente regulada por el Estado. Señalan también el poder de las cooperativas lácteas (Fonterra, Conaprole, Arla) en las potencias lecheras y se lamentan por la implosión de SanCor.

Se quejan de ser proveedores cautivos de la industria. “Si no te gusta el precio, entregale a otro”, es el argumento que les aplica la industria, a sabiendas que no hay “otro” a quien proveerle en muchas cuencas lecheras.

Se quejan de que los laboratorios que analizan la calidad de la leche son los de las mismas industrias y que habiendo laboratorios independientes, el gobierno no autoriza ese arbitraje.

Se quejan de las tarifas de la electricidad y de que haya habidos más cortes en 2017 que en 2016. “Gasté el doble de gasoil para hacer funcionar el grupo electrógeno”, decía Passerini. Señalan también, con amargura, la brutal tasa de interés para descuentos de cheques (30% en el mejor de los casos, en el Provincia y con una carpeta impecable) y la aun más brutal tasa para el descubierto bancario. “Al final tenés que elegir a quién pagarle y a quién no. Si pagás los sueldos le tenés que pedalear el pago al del balanceado”, agregaba.

La semana próxima, los tamberos bonaerenses tendrá una nueva reunión -casi una asamblea- en la zona del Abasto. Se verá ahí cómo sigue la cosa. En una coyuntura política complicada no quisieran ser parte de “panazos”, “verdurazos”, huelgas generales y parciales. Dependerá de que el Gobierno escuche y tome el toro, perdón la vaca Holando, por las astas.

Adenda: La cuestión de cuántos tambos menos hay en la Argentina. Lamentablemente no hay datos oficiales. Tal vez el Censo de este año ayude a clarificar la situación. Mientras tanto, Passerini adelanta que desde Carbap van a hacer un relevamiento, rural por rural, para ver qué está pasando con el cierre de los tambos, que, lógicamente, afecta a los de menor escala.

Fuente: Javier Preciado Patiño

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