El mercado de la soja no transgénica empieza a tomar volumen: segundo buque a Rusia

Con la carga de un segundo buque granelero en lo que va del año (25.000 toneladas c/u), el negocio de exportar soja convencional o no transgénica va tomando cuerpo.

Quienes lo están llevando adelante son la gente de Kumagro, el emprendimiento 50/50 entre Asociados Don Mario y Grobocopatel Hnos., con Diego Chillado Biaus a la cabeza. “Teníamos la idea de que era necesario manejar el negocio a granel (no en contenedor) y llegar a una escala de buque”, sostiene el ejecutivo, que detalla que para la soja no OGM hay dos grandes mercados: la alimentación humana (food) y la animal (feed).

Con estos envíos, el negocio de Kumagro se ha focalizado en el canal feed por medio de compradores en la Unión Europea y Europa del Este. La idea es que hay una cadena que llega al consumidor final con un producto (carne) que ha sido alimentado con forrajes no transgénicos, que obtiene un premio en el precio de góndola y que de ahí para atrás va distribuyendo ese premio en la medida que se asegura la trazabilidad.

En la otra punta aparecen los productores argentinos, que llevan adelante la producción de soja convencional bajo contratos con Kumagro. “Hay una fortaleza en todo esto que es la genética de Don Mario, que tiene cultivares no transgénicos del mismo potencial de rendimiento y con la misma sanidad y calidad que cualquiera de los cultivares transgénicos. Esto es muy importante porque no hay un premio de precio que compensa menor productividad, sino que el premio se aplica a mantener la integridad del producto”, señala Chillado Biaus.

El negocio se arma por medio de contratos entre el productor y Grobocopatel Hnos.  en los cuales Kumagro provee al productor la genética no OGM de Don Mario y Grocobopatel Hnos se compromete a comprar el total de la producción, pagando una prima sobre el precio FOB de la soja commodity. “Así se maximizan las características diferenciales de cada socio, fuerza en logística y originación, y la garantía en productividad genética”, señala el entrevistado. Es importante remarcar que la genética convencional del semillero solo está accesible por medio de estos contratos, es decir que no se puede comprar en forma abierta.

“Estamos hablando de unos 20 dólares por arriba del commodity, es decir que para un rinde de 4.000 kilos por hectárea, estamos hablando de 80 dólares más por hectárea, que es un número interesante, más cuando por todo el problema de malezas resistentes hoy el costo de control de malezas es prácticamente idéntico si se trata de una soja convencional o de una resistente a herbicidas”, apunta el líder de Kumagro.

En la campaña 2016/17 se produjeron unas 12.000 hectáreas bajo esta modalidad, y con esa producción se cargaron dos buques con destino a Rusia, vía el puerto de Kaliningrado, sobre el mar Báltico. Para esta campaña 2017/18 el área se estaría cuadruplicando a 48.000 hectáreasy la proyección es el envío de unas 160.000 toneladas. “El objetivo es tener una plataforma regional, que exporte un millón de toneladas de soja no OGM, ya sea desde la Argentina, Uruguay, Paraguay o Brasil”, apunta Chillado Biaus, “para luego pasar a la etapa industrial”.

El tamaño del mercado mundial de soja no OGM es bastante incierto y se habla de que puede variar en un rango tan amplio como es el de las 5 a 10 millones de toneladas. Hay grandes compradores como son los criaderos de salmón en Noruega o criaderos de pollo en Europa y los Estados Unidos que llegan al consumidor con una carne que identifica que los animales fueron criados con alimentos no transgénicos. También Asia oriental es un mercado atractivo para este producto.

“Un proveedor fuerte de soja no transgénica es Brasil, ya que a diferencia de la Argentina hay un porcentaje importante, un 20% del área, que utiliza materiales convencionales”, señala.

La clave del negocio pasa por asegurar la trazabilidad del producto, es decir evitar las contaminaciones que puede haber a la hora de sembrar, cosechar o acopiar el grano. Al presente, los embarques se están realizando vía el puerto de Lima (Buenos Aires), con buques fletados por el importador, como se muestra en la foto.

Fuente: Javier Preciado Patiño

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